20 ene 2009

Crónica a los libros olvidados

Esta tarde estuve sumergido durante cinco horas en una librería donde compre ocho libros. Pero lo mejor de todo esto, es que no se donde los voy a poner. Últimamente vengo comprando libros sin cesar, uno tras otro, como queriéndomelos terminar de un porrazo, pero no es así.
Ahora mismo mi biblioteca se esta convirtiendo en un escaparate tétrico donde vez libros de todo tipo que se van haciendo invisibles y no leídos.
A Julio Ramón Ribeyro le paso lo mismo con su biblioteca, pero al de él se le lleno de libros parásitos,-que al fin y al cabo viene hacer lo mismo-, y que llegaban allí no se sabe como. Yo tampoco lo se.
Antes compraba un libro, lo leía y lo guardaba; ahora hago lo contrario, lo guardo y cuando tengo ganas o estoy triste escojo uno y me sumerjo en la historia de dicho libro, pero ya ni eso hago.
No se lo que me pasa.
Esta semana ha sido algo difícil en el trabajo, discusiones, males entendidos, reposiciones de cosas y demás; realmente una mierda.
Mierdas que no te permiten ni leer ni escribir bien, y que te dejan en un estado de soledad profunda queriendo recordar gratos momentos.
Hoy vuelvo a estar triste y no se de donde viene tanta tristeza. Me abruma. Me hiere.
A lo mejor sea la misma tristeza que tuvo Cesar Vallejo en París. No sabría explicarlo.
Un día Cesar me dijo: “Me moriré en París con aguacero, un día del cual tengo ya el recuerdo”, y sin embargo yo no recuerdo cuando e vivido, porque ahora mismo me estoy muriendo con mis libros invisibles y a la vez legañosos que no tienen cuando despertar.
Seguro que más tarde me llamara Ramón y me dirá: “¡Oh, los libros saben tanto y están tan silenciosos!” y volverá a hundirme dentro de mis libros taciturnos, ignorantes de mi dolor que me produce abrirlos.
No se lo que me pasa. ¿O si lo sé?
Qué más da, aún me sigue costando abrir las paginas de mi dolor…aún me está quemando, aún están durmiendo.

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