La madre de Fernandito nunca olvidara la cena que se organizó en casa de la tía Yolanda. Una cena donde se hablo de las grandezas de los anfitriones y de lo mal educados que están los hijos de Jerónimo, hermano de Esperanza.
Esa misma tarde doña Norma llegaba cansada del trabajo, un trabajo que la consumía todo el día y por ello no podía estar pendiente de su pequeño Fernandito, que no se enteraba de lo mal que lo estaba pasando la familia económicamente y de lo que le estaba pasando a su madre, que antes de entrar a su casa se encontró con el padre de Fernandito y discutieron por los útiles que había que comprar al niño para el colegio.
Doña Norma llego a casa, beso a su hijo y lo llevo a la ducha para darle un baño rápido, pero Fernandito desconcertado por la prisa se puso a llorar y su madre que no tenía mucha paciencia le dio un par de palmadas en el poto y lo metió a la tina.
Fernandito entre sollozos pidió que lo bañaran con su jabón de naranjito. Un regalo que le dio su tío Jerónimo un año anterior a vísperas del mundial de España 82. Pero su madre acostumbrada a guardar todos sus regalos para ocasiones especiales no se lo dejaba usar, pero esa tarde para que dejara de llorar su madre lo baño con el jabón de naranjito y así cayó al pequeño Fer.
Ya eran las ocho de la noche cuando Doña Esperanza con sus hijos y sus nietos tomaron un taxi y se fueron hacía la casa de la tía Yolanda. En el camino se ponían de acuerdo de cómo se tenían que comportar en la casa de la tía y de cómo deberían de comer. “Nada de travesuras, ni malas caras y sobre todo comer con educación y cuidadito con romper las plantas”, fue lo que les dijo.
Al llegar a casa de la tía Yolanda se dieron con la sorpresa de que no eran los únicos invitados y por los coches que estaban aparcados se trataba de gente importante, pero eso no les puso nerviosos, así que tocaron el timbre; y quien les recibió fue Dominga, la empleada de la casa, que les hizo pasar por la cocina. Doña Norma estaba sorprendida del porque los hacían pasar por la cocina, pero en ese momento no le dio mucha importancia a la situación.
El asombro fue tal cuando la empleada les dijo que se quedaran en la cocina un momento porque tenía que avisar a Doña Carlota, hija de la tía Yolanda para que los atendiera.
Cuando Doña Carlota entro por la puerta de la cocina Fernandito se quedo de piedra al ver a una señora tan colorida al hablar y con unos movimientos que delataba haberse tomado un par de tragos. Y de lo más normal les dijo: Hola familia, ¿Cómo están?, miren no es por nada pero me gustaría que me echen una mano con los bocaditos, hay que pasarlos entre los invitados y cuidadito con pisar el parquet, caminen por el plástico, ¿okay?, y claro, como han llegado muy tarde, tendrán que comer aquí en la cocina, porque ya no hay sitio en el salón, que pena mis amores, pero aquí estarán más tranquilos y tienen a Dominga para que les ayude, ¿okay amores?, Francisco tiene muchas ganas de verlos, ¡Hay que alegría que estén aquí!, ¡Vamos Dominga, no te quedes parada, pasa ya las copas de vino!, hay esta chica que tonta es, y mira que le dije a Francisco que no la contratara, pero como él es tan bueno, aquí la tenemos, pero en fin. Esperanza, ven aquí para presentarte a unos amigos y ya luego te vienes a aquí a la cocina para ayudar a Dominga, ¿Okay amor?, ¡Uy, que tonta soy!, ¿Cómo esta mi pequeño Fernandito?, no te había visto amorcito, ve arriba a jugar con Rebequita, debe de estar en su cuarto jugando con su Ataqui, Arapi. Atari, tía Carlota, le dijo Fernandito. Eso Atari, anda sube mijito, pero cuidado con pisar el parquet, siempre por el plástico, ¿Okay nene? Bueno familia, les dejo, pero ya saben comen todo ¿Okay?, ¡Vamos Esperanza, no te quedes atrás!
Fernandito algo nervioso, le pidió permiso a su mamá Norma para subir a jugar con Rebequita y sin mirarlo, porque no quería mirarlo ya que tenía la mirada llena de ira, le dijo que si.
La reunión que se estaba llevando a acabo en casa de la tía Yolanda le era indiferente a Fernandito que solo pensaba en jugar Atari con su prima Rebequita y de paso jugar a las escondidas en los jardines de la casa.
Doña Norma que no tenía más remedio que tranquilizarse, se puso a ayudar a Dominga con los bocaditos y con las copas de vino, mientras que sus hermanos Felipe y Soraya servían ya los platos de la cena para que Doña Esperanza y la misma Carlota los pusieran en la mesa. Francisco en ningún momento se acerco a la cocina a saludar a sus sobrinos, pues estaba muy entretenido con sus invitados, todos ellos compañeros de trabajo.
Rebequita era una niña muy linda y algo introvertida, que cada vez que sus padres hacían una reunión se encerraba en su habitación y se ponía a jugar con su Atari, sin embargo ese día no estaba jugando con su Atari, más bien había reunido a todas sus Barbies para salir de compras por las grandes galerías que había construido en los jardines de la casa. Al ver a Fernadito entrar en su habitación le dio una alegría enorme y le dio un beso en la mejilla y con la misma le dijo: ¿Vamos de compras Fer? Y Fer como lo llamaba su mamita Esperanza le dijo: Sí, vamos de compras, pero yo llevo el coche, ¿ya? y así bajaron los dos por la escalera de servicio directamente al jardín.
Al pasar las horas, la sala ya se estaba convirtiendo en un salón de baile y Rebequita y Fernandito seguían de compras por los jardines de la casa, pero en eso a Fer le llamo la atención unos frutos muy rojos que estaban en un rincón del jardín, algo escondidos para ser tan llamativos, y tan bonitos para estar a oscuras. Rebequita que seguía de compras por las galerías que estaban detrás de las palmeras no se percato que Fernandito aparco el coche delante de la planta que le llamo tanto la atención.
Segundos después de haber bajado del triciclo de tres ruedas que Doña Yolanda le regalo a Rebequita por su cumpleaños, Fernandito se metió las manos en los bolsillos y haciendo como si guardara las llaves del coche fue hacía el rincón en donde estaba los frutos rojos y empezó a examinarlos.
Los miraba detalladamente como adivinando de que fruto se trataba, pero no recordaba el nombre, y sin saberlo y con mucho cuidado fue arrancándolo uno a uno. Rebequita que vivía en su mundo de Barbies no vio que Fer estaba jugando con las plantas de su Abuelita Yolanda, porque de haberlo visto de enseguida la habría llamado.
Cuando Fer vio que ya había arrancado lo suficiente para saciar su hambre y su antojo, se dispuso a comerlos a puñados. Comía y comía hasta que se dio cuenta de que la boca se le hacía un fuego y la cabeza una bomba de tiempo. Empezó a gritar y Rebequita que estaba de compras con sus Barbies giro la cabeza y vio a su primo que estaba tirado en el pasto y vomitando cosas rojas, que ella al ser tan niña de bien no podía ver un espectáculo de tal magnitud, así que fue avisar a su mamá Carlota.
Doña Carlota desesperada llamo a Doña Norma, que estaba preparando más copas de vino para los invitados, y al oír su nombre se le puso la cara blanca. Algo nerviosa fue hacía el jardín. Cuando llego al jardín vio que su pequeño Fer estaba tirado en el suelo revolcándose de dolor y lleno de cosas rojas por la cara. Desesperada cogió a su niño y le empezó a quitar todo lo que llevaba encima de la cara y le pregunto a Rebequita que es lo que había pasado.
Rebequita asustada solo le dijo que no había visto nada, que ella estaba jugando con sus Barbies y que no vio lo que estaba haciendo Fer.
En tanto el pequeño Fer seguía quejándose del dolor que sentía en la lengua y no era para menos, pues se había metido a la boca “Pipis de mono”, pequeños ajíes que pican una barbaridad y que te hacen ver al mismísimo demonio.
Francisco que ya llevaba más de dos copas de vino encima, apareció para preguntar que es lo que había pasado y Doña Carlota lo puso al tanto de la situación. Pero también gritaba como loca: ¡Dominga!, ¡Dominga!, ¡ven rápido con el agua, que el niño se esta muriendo!, ¿Ya Dominga?, hay esta chica. Ya vez Francisco, te dije que era muy lenta y tú dale con contratarla, la próxima vez hablo con mi amiga Mari carmen, la del Club, ¿Te acuerdas?, la del Bosque. Bueno, es igual Francisco, tú nunca te enteras de nada, hablare con ella, para ver si me puede mandar a la prima de su empleada, que me ha dicho que es una cholita muy rápida en todo. Hoy mismo la llamo. ¡Dominga!, ¿No ves como se demora con el agua la chola ésta, Francisco? Y aquí el niño muriéndose.
Al ver que la lengua de Fernandito volvía a su color original y que el dolor que sentía en el estomago ya calmaba, Doña Norma cogió a su niño y le dio un jalón de orejas de las que nunca olvidara Fernandito y le dijo: ¡Mira que te lo he dicho, no juegues con las plantas de la tía Yolanda! Y tu dale con jugar, eres terco. Toma más agua, haber si te pasa ya.
Una ves saciada su sed, Fernandito pudo hablar, ya que antes no podía ni le dejaban, porque lo único que recibía eran gritos de su madre y los de su tía Yolanda quejándose a lo lejos de sus plantas.
Yo pensaba que eran fresas, es por eso que las probé, no quería romper tus plantitas tía Carlota, perdóname, seré un niño bueno, ya veras que la próxima ves que venga no jugare en el jardín, me iré a jugar Atari con Rebequita. Te lo prometo.
Y Doña Norma dijo: Si serás burro, esos no son fresas son “Pipis de mono”, anda sécate esas lágrimas y alístate que ya nos vamos, ya has tenido suficiente por hoy. Fernandito se levanto y se fue corriendo al baño. En el camino se topo con Dominga que se estaba riendo de las explicaciones que había dado Fernandito y le dijo: Hay jovencito como va a pensar que esos son fresas, si eso pica como mil demonios. ¡Achachalay! Pobre mi nene. ¿Y cuantos has comido?, como diez, le dijo Fer. No pues jovencito si solo uno pica como mil demonios, diez ya es el infierno, ya no llores, anda lávate la cara que te tienes que ir… ¿Así que fresas no?, fresas picantes serán jovencito.